Cuñadología · Opinión

Guía definitiva de la Cuñadología

David Luzón · Volition Strength

Definición

La Cuñadología se entiende por un trastorno de conducta caracterizado por la obsesión con los guantes, los cinturones del Decathlon malos, aversión a cualquier movimiento multiarticular, usar pesos acorde al ego y hacer abdominales en diferentes planos de movimiento y diversas máquinas con intención de parecer el Capitán América.

Otras características no menos importantes de los cuñados incluyen creencia en el cardio en ayunas, comer ingentes cantidades de arroz con pollo, convertir tu despensa de suplementos en una farmacia y — dependiendo del nivel de sacrificio del cuñao — ingesta de huevos crudos posiblemente recién extraídos de la gallina en medio de tu ventana anabólica imaginaria de 3 minutos y 5 segundos.

El trastorno suele tener su inicio en la temprana adultez y su diagnóstico tiene que ser realizado por un profesional así como la cura, que se basará tanto en resultados como cambios de comportamiento.

Problema

Si has pisado un gimnasio comercial sabes de lo que hablo. El trastorno tiene su germen en los años 60, coincidiendo con el auge del culturismo y pocos avances científicos en el campo de la musculación.

Si miramos detalladamente el panorama hace unos años, estudios reveladores estaban completamente ausentes del momento, y por tanto, los intereses económicos de las compañías de suplementos — ejerciendo sus presiones a través de los magazines de musculación —, así como las recomendaciones basadas en experiencia personal, potenciaron ingentes cantidades de cuarto-sentadillas, rutinas de un grupo muscular al día y demases.

El problema radica actualmente en la era de la información, donde cualquier persona puede dar al mundo su visión de las cosas y, lamentablemente, ganar credibilidad en función de trivialidades como lo grande que esté (lo cual en muchos casos tiene más que ver con la química que con el conocimiento), cuánta carisma tenga, o cuánto los papis le hayan bendecido genéticamente.

Estamos en la era de la saturación, de la simplicidad a través del hashtag populista de turno. Unos meses es dieta cetogénica, otros hacer el payaso encima de bolas bosu, y de repente la carne supuestamente causa cáncer. Pero cómo saber si tú sufres de cuñadología...

1. Tus sentadillas son una porquería, si es que las haces

Vamos a aclarar primero una cosa: un cuarto de recorrido no es una sentadilla. Una sentadilla es romper paralelo con control y técnica. Y una sentadilla profunda es lo que en realidad debería ser el estándar.

Un cuñao pensará que su cuarto-sentadilla es una sentadilla, y que la sentadilla profunda es algo reservado para locos. Generalmente son ajenos al riesgo que supone hacer cuarto-sentadillas y es fácil encontrarlos haciéndolas muy de vez en cuando, siempre con cinturones malos puestos y alguien detrás o a los lados "ayudando" — con el factor adicional del mal uso de equipamiento.

La carga moral que les supone entrenar como buenos cuñados al límite en todas las series, combinado con que tienen en la espalda un peso con el que claramente no pueden hacer ni una repetición en rango de movimiento completo, hace que sus apariciones por la jaula de sentadillas sean tan escasas como sus resultados.

2. Reduces rango de movimiento por ninguna razón

¿Te sientes identificado? ¿Tienes alguna razón para no tocar el pecho en el press banca que no sea levantar más peso del que tu ego puede soportar? ¿Acaso estás doblando las rodillas a medias con la prensa hasta las trancas de discos?

Reducir rango de movimiento implica una serie de problemas muy graves para el progreso:

3. Tú y/o tu entrenador sufre el síndrome de Dunning-Kruger

¿Te planteas por qué sabes lo que sabes o sigues lo que conoces ciegamente? ¿Eres consciente de lo peligroso que puede ser seguir ciegamente afirmaciones sin una base sólida?

El lenguaje es el puente que enlaza pensamientos y conceptos con realidades. Y ¿sabes cómo lingüísticamente se conoce a las afirmaciones incuestionables? Sí, como dogmas. Y que yo sepa ya no estás en el medievo.

Si no sabes por qué comes lo que comes ni haces lo que haces entrenando, y aun así lo defiendes a capa y espada porque "es lo que funciona", "lo que se ha hecho siempre", "lo que dice todo el mundo"... y cuando se te pregunta más allá de ahí no te da para explayarte más — enhorabuena, no tienes ni pensamiento crítico ni la menor idea.

¿Alguna de estas afirmaciones despierta un gusanillo de cuñado dentro de ti?

De todo se sale.

4. Piensas más en suplementos que en tus series de peso muerto

Poco que decir aquí: no puedes suplementar un mal entrenamiento ni una mala dieta. No hay píldora mágica que vaya a solucionar un problema de raíz.

Aquí tienes una lista de suplementos que sí funcionan, pero que representan una minimísima parte del éxito total: cafeína, vitaminas, creatina, omega 3, proteína en polvo, vitamina D, zinc/calcio/magnesio (si pobres en la dieta), y beta-alanina en contextos muy específicos.

Si tu gasto en suplementos supera tu gasto en comida real, tienes un problema de prioridades.

5. Tu relación con los abdominales es rara

Primer punto: no puedes reducir la grasa localizada. La mejor manera de que se te vean los abdominales es bajar tu porcentaje de grasa corporal — y eso se hace con dieta, no con crunches.

Segundo punto: los abdominales son un grupo muscular como cualquier otro. Necesitan estímulo, progresión y volumen adecuado. Lo que NO necesitan es que hagas la rutina de 300 repeticiones que leíste en una revista o que viste en un vídeo de un futbolista famoso. Un core fuerte se construye con trabajo directo inteligente y con la cantidad brutal de trabajo indirecto que ya recibes si estás entrenando con multiarticulares pesados.

Si dedicas 20 minutos a hacer abdominales en 4 máquinas distintas pero no haces peso muerto, tienes las prioridades invertidas.

6. Entrenas "estabilidad y funcionalidad" con equipamiento ridículo

¿Sabes qué te hace estable, entrena tu core y no hace que parezcas que necesitas supervisión? Correcto: el peso muerto que deberías tener programado.

Si tu concepto de "funcional" incluye hacer sentadillas encima de un bosu con una kettlebell en una mano y un tubo de foam roller en la otra, tenemos que hablar.

7. Te gusta el "entrenamiento funcional"...

...pero no eres capaz de hacer una triste sentadilla con tu peso corporal sin que parezca que te vas a eslomar. OK.

8. Te falta un plan, pero te obsesionas con gilipolleces

9. "Solo quiero tonificar"

La tonificación no existe. No puedes tonificar. O bien ganas masa muscular, o pierdes grasa, pero no "tonificas". Eso alude a algo ni medible ni valorable — es un término abstracto que usan los cuñados y cuñadas, y suele venir acompañado de pobres resultados.

No, no vas a parecer el Increíble Hulk por tocar cuatro pesas, y mucho menos por levantar mucho peso. Los físicos extremos que ves en redes requieren años de trabajo y, en muchos casos, ayuda farmacológica. Levantar pesas te va a hacer más fuerte y te va a cambiar el cuerpo a mejor — no te va a convertir en algo que no quieres ser.

Finalizando

Si conoces a alguien afectado por el trastorno, por favor envíale un enlace al artículo y apóyale. Con tiempo todo se soluciona. En caso de sentirse aludido, que busque la ayuda de un profesional contrastado.

Think deep, Squat deeper.

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